domingo 21 de enero de 2007

Míster Furioso

En la inefable película “Mistery Men” (una de mis preferidas para dar soporte formativo a consultores y ejecutivos, como se comprenderá más adelante), Ben Stiller acomete el que probablemente sea el mejor tonto-papel de su carrera interpretando a un cutre super-héroe cuyo super-poder consiste en enfadarse, en enfadarse muchísimo, con intensidad y dedicación, supuestamente para hacer el bien, aunque, como se ve inmediatamente, tal vez para combatir el mal o, mejor, para generar la percepción de autoridad que un super-hombre debiera desprender. La idea básica subyacente es que tal enfado aplicado a la corrección de una mala acción tiene que ocasionar –forzosamente– el retraimiento de las malas conductas y prácticas; así que Míster Furioso raya con su llave el Mercedes del malvado o hace gestos que le indican que va por mal camino y le instan a pasarse al lado luminoso de la fuerza.

No ha de sorprender, pues, que este personaje se haya convertido en un “icono de culto” entre la élite de la consultoría empresarial, en general; pero no entre toda esta élite, claro, pues todavía se dan muchos seguidores convencidos (sobre todo entre socios y postulantes cercanos) del enfoque “Rain Man”, que consiste –en breve– en mantener una actitud hierática y un mutismo sospechoso (“interesadamente sugestivo” en la jerga autista) durante la totalidad de cualquier encuentro o sesión de trabajo. Algunos malpensados interpretan esta distancia personal como un medio de evitar participar en algo que usualmente tales sujetos no comprenden en absoluto, pero es claro que si fuera así… ¿cómo podrían éstos ocupar cargos importantes en empresas relevantes? Porque parece evidente que la representatividad va unida a la capacidad, como ilustran los ejemplos de Gran Hermano, George Bush Junior o Mickey Mouse (¿Ya comenté mi simpatía inercial hacia “Duffy Duck”, el Pato Lucas, receptor esencialmente incólume de desgracias de personajes bi-dimensionales –dibujos animados– y perenne optimista?). En cualquier caso, tanto para los seguidores como para el voluminoso resto, yo aconsejo utilizar un “espejito capta-alientos” (como los captafaros de los coches, vamos) para asegurarnos (con la discreción hipocrática que merece) que los interfectos siguen vivos al final –o incluso a mitad– de una de tales reuniones. El enfoque “Rain Man” va, con todo, perdiendo adeptos porque sus practicantes, debido a su avanzada edad y a los achaques del Parkinson, Alzheimer y otros justos castigos divinos, están desprestigiando su práctica.

Y ahora, tras la digresión autista, volvamos al hilo inicial. Porque, como ya avancé, Mister Furioso es claramente un modelo-a-seguir para los gestores de proyectos técnicos-tecnológicos y, sobre todo, para los directores de empresas y consultores de prestigio-prestigiado. El super-poder de enfadarse se ha convertido en una meta (inalcanzable, como el comunismo, pero insuperable como dirección) a la que se entregan con fruición directivos y ejecutivos. Así que éstos, como en las películas hongkonesas de artes marciales y para conseguir un adecuado adiestramiento de combate, tienen que iniciarse enfadándose al principio por cualquier cosa: ante una taza, ante sus hijos, tras sus enemigos. Y uno se imagina al mentor de David Carradine (pequeño saltamontes) instruyéndoles: “No, no, mi pequeño consultor; debes prescindir del objeto de tu irritación: tu enfado debe ser independiente de su objeto, del mundo que te rodea. Debes enfadarte desde dentro hacia fuera: respira, irrita; respira, enfada; respira, irrita” y cosas parecidas.

Pero, claro, cuando se llega al primer Dan del enfado, todo empieza a cuadrar y el universo comienza a tener sentido: “Raúl… (enfado VII, postura phi)… ¿no establecimos –nótese el uso irritante del plural– que tenías que acabar tu trabajo (enfado X, gesto épsilon)… ayer? ¡Ay, menos mal que estoy yo aquí para ocuparme! Claro que… (enfado XXV, cejas sigma)… ¿tengo yo que preocuparme de todo en esta empresa? (enfado II, silencio omega)”. Las katas del enfado funcionan y, misteriosamente, la ordenación del mundo se troca personal. Y ahí, ahí es cuando los proyectos comienzan a salir adelante.